Pero mientras tanto puedes seguir encontrándonos en la dirección antigua:
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Ya os invitaremos a champán cuando inauguremos la nueva página (virtual, por supuesto).
R. & M.
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La primera parada es el famosísimo Gran Bazar de Estambul, uno de los mayores del mundo. Este complejo de más de 58 calles techadas e interconectadas recibe casi medio millón de habitantes cada día.
Aunque impresiona un poco entrar a tal tumulto por unas puertas vigiladas por guardias armados, no es tan fiero como lo pintan. Nuestra experiencia es que el grado de insistencia de los vendedores no es tan fuerte como el del Bazar Egipcio, donde sí llega a ser un poco incómodo el simplemente pasear echando un vistazo a las cosas.
En las tiendas, agrupadas por zonas según las mercancías, puedes encontrar infinidad de prendas de ropa, joyas, especias o alfombras.
El fuego llegó a ser una importante amenaza para Estambul, y causó numerosos desastres. Tal es así que la actual torre de piedra vino a sustituir hasta a tres torres anteriores de madera que fueron arrasadas en incendios incontrolados o revueltas populares.
En esa época, la ciudad se encontraba permanentemente vigilada por tres torres, la Torre Beyazit, la Torre Gálata y la Torre Icadiye, situadas en elevaciones estratégicas. Cuando se avistaba un fuego, se transmitía la información con un código de cestas (por el día) y lámparas de colores (noche) que inmediatamente informaban el distrito afectado.
Una de las más bellas de la ciudad, y la segunda más grande, fue mandada construir por el sultán Suleiman I el Magnífico en 1550 en la cima de una de las colinas de Estambul. El arquitecto fue uno de los más famosos de todo el arte otomano, Mimar Sinan, quien intentó hace una mezquita que comparase en armonía y belleza con la bizantina Santa Sofía.
Inspirado probablemente por los movimientos artísticos europeos (era contemporáneo de Miguel Ángel y Juan de Herrera entre otros), buscó un refinamiento de líneas y una decoración interior sutil y proporcionada. No obstante, con la cúpula más alta hasta la fecha de todo el imperio otomano, recurrió a una concepción arquitectónica totalmente nueva en el arte bizantino: escondió ingeniosamente los contrafuertes necesarios para soportar su peso en las paredes exteriores, usando para ello unas galerías de columnas laterales.
En el jardín exterior puede visitarse el mausoleo de Suleiman I y su esposa Roxelana, así como la propia tumba del arquitecto Sinan.
Continuando el trayecto hacia el norte en dirección al Cuerno de Oro nos encontramos con el segundo bazar cubierto más grande de la ciudad, el Bazar de las Especias o Bazar Egipcio.
La palabra turca para Egipto y Cereal es la misma (misir), por lo que no está claro si el nombre le viene por las especias egipcias o por los cereales que se vendían aquí originariamente .
Fue construido como parte del complejo de la Mezquita Nueva, y nuestra experiencia es que es bastante más incómodo (aunque mucho más pequeño que el Gran Bazar). El acoso es bastante mayor, y tampoco se encuentran muchas más cosas que en el otro (salvo que quieras comprar pescado, cosa que no vimos en el Gran Bazar y sí en este). Nosotros hicimos una visita rápida, compramos un par de tipos de curry y salimos pitando esquivando a los vendedores que se te interponían y te intentaban impedir ir en otra dirección que no fuera su tienda.
Como decíamos, el bazar se encuentra al lado de la Mezquita Nueva, un calificativo que sólo en esta ciudad se le puede aplicar sin sonrojarse a un edificio de más de 400 años de antigüedad.
Iniciada su construcción por un aprendiz de Mimar Sinan en 1597, lo polémico de su ubicación (entonces el barrio era de mayoría judía) y lo costoso de las obras hizo que, tras varios abandonos, la mezquita no se terminara hasta 1665.
El puente sobre el Cuerno de Oro más cercano al Bósforo, que conecta los barrios de Karaköy y Eminönü, es el llamado Puente Gálata.
Este es uno de los lugares más concurridos de la ciudad, y consecuentemente también es donde nosotros encontramos una mayor cantidad de vendedores ambulantes de todo tipo, mendigos y niños acosadores que pueden llegar a ser bastante insistentes.
Se puede atravesar por la parte superior, por donde circulan los coches y se sitúa la miríada de pescadores que aparece por allí todos los días, o por la inferior, una galería repleta de cafés de dudoso precio y/o gusto.
La orilla sur del Cuerno de Oro a su paso por el Puente Gálata es un bullicio constante de vendedores, turistas y barcos-barbacoas. Cuidado con las indigestiones…
Al norte del puente, en el barrio de Karaköy, el panorama se encuentra dominado por la silueta de la Torre Gálata.
Fue construida en por los genoveses en 1348 bajo el nombre de Torre de Cristo, siendo una de las torres de defensa de la ciudadela genovesa que había en la orilla opuesta a Constatinopla. llamada Gálata.
Continuando por el barrio de Karaköy hacia el norte, y siguiendo la avenida que va paralela al Bósforo, nos encontramos con el Complejo Kiliç Ali Pasha, diseñado por un nonagenario Mimar Sinan en la década de 1580. Originariamente estaba en la costa, pero el terreno adyacente se fue ganando al mar y ahora se encuentra rodeado de edificios.
Como la mayor parte de las mezquitas otomanas, el edificio se concibe como núcleo de una institución mayor que contiene un hamam (baños turcos), una madraza (escuela teológica), un mausoleo y una fuente. Muchas otras mezquitas incluían además instituciones de caridad, hospitales o mercados.
El complejo recibe el nombre del Capitán General de la Marina otomana de la época, Kiliç Ali Pasha, de origen calabrés. Gobernador entonces de la Argelia otomana, el propio Cervantes (quién lo conoció durante su cautiverio por los piratas de la Berbería) se refiere a él en Don Quijote como Ucciali, el último gran corsario.
Incluso, el investigador turco Nuri Ileni va más allá, pues tras investigar los documentos fundacionales del complejo afirmó que uno de los esclavos que construyó el complejo fue el propio Miguel de Cervantes. Aunque la falta de más referencias en este sentido no nos deja muy convencidos.
Nuestra última parada la realizamos en las cercanías de este complejo, donde se encuentra la hermosa Mezquita Nusretiye.
Alejada de los circuitos comerciales, su estilo barroco la hace única en la ciudad.
Además de la omnipresente Wikipedia, para documentarnos hemos encontrado este interesante artículo sobre las mezquitas de Sinan en Estambul.
Cerca se encuentran otros dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad. El Peso público (Waag) y la Iglesia de San Juan Bautista. El primero, contruido en el siglo XVII, era el lugar público donde se pesaban los quesos, lo que para la economía de un país que se basaba (es un decir) en embarcar quesos y venderlos por todo el mundo no era una actividad secundaria.
La Iglesia de San Juan Bautista, con 123 metros de largo, es la iglesia de mayor longitud de toda Holanda (ojo, longitud, no altura, que esta gente es muy de marcarlo todo con récords). La estructura actual se reconstruyó tras un terrible incendio en 1552 como iglesia católica. Cuando 20 años después la ciudad abrazó el Protentantismo fue respetada, aunque se eliminaron sus estatuas y altares. Las hermosas vidrieras no fueron retiradas y han sobrevivido hasta nuestras fechas. Actualmente están reconocidas como unas de las más importantes del país.
Uno de los rincones más bonitos de la ciudad se encuentra en la curva que da el canal del río Gouwe en el centro. Allí se encuentra la iglesia neogótica de Gouwekerk, construida en 1904.
Sin embargo la ciudad también esconde tesoros fuera del casco histórico. Tiene barrios muy cuidados, con paseos muy agradables y algunos parques que son una delicia.
Pero atención amantes de los quesos (entre los que nos incluimos). Tenemos que haceros una revelación.
Muchos de vosotros habréis sonreído al escuchar la palabra Gouda. Una parte sustancial de vosotros sabría que esos quesos son originarios de Holanda. Algunos sabrían también que el nombre lo obtienen de la ciudad que los popularizó, y que los mandaba en barcos a recorrer mundo. Pero seguro que muchos desconocíais que en realidad Gouda… ¡se pronuncia Jauda! (o algo así).
¡Horror! ¡Anatema! Entiendo vuestra conmoción. ¿Cómo volver a pedirlo en los mercados? ¿Seguiremos diciendo Gouda, aún con el remordimiento de que el queso al oírlo se revolverá en su envase? ¿Nos arriesgaremos a decir Jauda, sabiendo que a la tercera tendremos que explicar que en realidad nos referimos al Gouda pero que, claro, como personas de mundo que somos lo pronunciamos en un pulcro holandés?
Pero claro, qué se puede esperar de una gente que cuelga quesos de las calles como si fueran farolillos…
La construcción comenzó en el mismo 1248, y, tras varias interrupciones, fue completada en 1880, más de 600 años después.
La altura de las bóvedas es realmente impresionante.
La Catedral sobrevivió milagrosamente a los masivos bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Actualmente es una atracción turística de primer orden, y la intensiva restauración que se ha realizado del centro de la ciudad hace de la zona comprendida entre la Catedral, el Puente de Hohenzollern y la Iglesia de Gran San Martín un sitio digno de visitar.
Detrás de la Catedral se encuentra el Puente Hohenzollern sobre el río Rin. Este puente ferroviario, reconstruido tras la Segunda Guerra Mudial, pone una nota industrial sobre el fondo gótico de la Catedral conformando la imagen típica de la ciudad.
Su silueta detrás de los pequeños edificios de colores (reconstruídos todos según el modelo de la ciudad anterior a la Guerra) es una estampa típica muy bonita.
Cerca de la Catedral se encuentra la bonita Iglesia de San Andrés, del siglo XIII, con elementos románicos y góticos.
La torre del ayuntamiento antiguo data de principios del siglo XV.
Pero amigos, no todo es arte y arquitectura en Colonia. También se encuentra el amor (a la comida). Aunque íbamos prevenidos por un amigo alemán de que la capital del codillo es Munich, no es difícil encontrar sitios para degustar este delicado plato en el paseo que discurre por la orilla del río. Acompañado de la cerveza local (Kölsch) y de un buen Apfelstrudel de postre, alegra el día a cualquiera. Y te evita comer hasta el día siguiente. ¡Todo son ventajas!
En esta aldea hay varios molinos (en un excelente estado de conservación) que en su día se dedicaron a la obtención de yesos o pigmentos para la ropa. Hoy en día su giro debe hacer algún efecto similar al del hipnosapo, y termina atrayendo a todos los autobuses que se encuentran en un radio de 10 kilómetros a la redonda.
Uno de los molinos, llamado “El Gato”, es visitable y resulta muy interesante adentrarse ente los crujidos de sus engranajes de madera mientras muelen piedras ante una multitud de japoneses con los ojos como platos (es un decir).
Hablar de la no contaminación y autenticidad del lugar es hacerte comulgar con ruedas de molino (¡qué bien traído!). Realmente no sabemos si la piedra que molía tenía algún interés industrial, pero si es sólo por motivos didácticos, podrían probar a moler otra cosa que no llenara todo el ambiente de polvo calizo… sales escupiendo pelotas de polvo como puños.
El pueblo tiene una zona turístico-comercial con multitud de tiendas (más que habitantes, seguro) y exposiciones variopintas. Desde salas de elaboración de quesos dignas de la Cenicienta hasta demostraciones de fabricación de zuecos, ese infravalorado zapato multiusos que la gente se lleva a puñados (y lo peor es que buscan hasta sus números, ¿realmente alguien se lo pone cuando vuelve a su casa?).
Durante casi 1000 años fue la mayor catedral del mundo (hasta la construcción en 1520 de la Catedral de Sevilla).

La restauración de los edificios aún no está terminada, pero el sitio es espectacular.
La zona más visitada es la correspondiente al Harem. Resulta muy interesante una guía que explique los pormenores de su organización, una auténtica mini sociedad dentro de la corte.
Al lado de la Mezquita Azul están los restos del Hipódromo. El origen de este circuito de carreras de caballos se remonta a los primeros años de la ciudad, cuando era conocida como Bizancio. Construido en el año 203 por el emperador Septimio Severo, sería Constantino el Grande quien, en su empeño por engrandecer la ciudad al trasladar el gobierno a la misma un siglo después, lo modificó hasta dotarle de 450 metros de largo y 130 de ancho. Llegó a tener capacidad para 100.000 personas.
Actualmente el hipódromo no está apenas excavado. A lo largo de su recorrido hay un paseo en el que se pueden apreciar restos griegos, egipcios y romanos.
Uno de ellos es el Obelisco de Tutmosis III. Traído por Constantino en el año 390 desde Egipto para decorar el Hipódromo, fue colocado en el interior del circuito. Hecho de granito rosa, se erigía originalmente en el Templo de Karnak en Luxor, donde lo mandó colocar Tutmosis III en el año 1490 antes de Cristo.
Y como además hemos visitado un par de sitios nuevos, ya teníamos la excusa perfecta para meter un post como quién no quiere la cosa.
Imagen de la plaza de Saint Cathérine, uno de nuestros rincones favoritos de Bruselas.
Detalle de la fuente en la plaza de Saint Cathérine.
La Porte de Hal, al sur del centro de la ciudad, es lo único que queda de las murallas que rodeaban la ciudad en el sglo XIV. Era una de las espinitas que teníamos clavadas del viaje anterior, un sitio precioso al que no pudimos ir por falta de tiempo.
Practicando con la nueva cámara de fotos en el Palacio de Justicia “casi” sin andamios ya 20 meses después.
Una bonita fuente en los jardines del Parlamento.
Los exteriores del Jardín Botánico, cerca de la Estación del Norte, son un agradable sitio para echar la tarde.
Un sitio que nos encantó para pasear tranquilamente: el Bosque de Soignes, en el camino que va de Bruselas a Waterloo.
Con capacidad hasta para 25000 personas, aún se usa en ciertas representaciones. Es una construcción realmente espectacular.
Detalle de Medusa en el Templo de Adriano.
No te engañan cuando te dicen que es una de las mayores atracciones turísticas de Turquía. Su proximidad al mar hace que sea un punto de visita de muchos cruceros.
Las vistas desde el nacimiento de la Vía de los Curetes, con la Biblioteca al final, es alucinante.
La Calle del Puerto llegó a ser la más importante de la ciudad. En el siglo V d.C. llevaba canales y alcantarillado subterráneo, y estaba iluminada por más de 50 faroles, con tiendas y termas a los lados y columnas triunfales en ambos extremos. Sin embargo, el retroceso del mar en los primeros siglos de nuestra era marcó el comienzo de la decadencia de la ciudad. Actualmente la costa se encuentra en Pamucak, a unos kilómetros al oeste.
Las Casas de los Patricios son, después de las de Pompeya, las casas romanas mejor conservadas del mundo. Aunque hay que pagar una entrada aparte, vale la pena verlas, con las paredes aún pintadas y los suelos llenos de mosaicos.
Ahora bien… Éfeso en agosto one more time? ¡Jamás!
Al parecer las condiciones de sus playas son óptimas para la práctica del surf, y la península es un hervidero de surfistas llegados de todo el mundo. Además, el hecho de estar a menos de una hora en coche de Esmirna hace que sea el destino principal de veraneo de sus habitantes, por lo que en verano puede ser complicado encontrar hueco.
Sin embargo, a pesar de la fama que tiene la península como destino turístico nacional, a nosotros nos decepcionó un poco. Las playas son transparentes y tranquilas, pero la arena es bastante basta. Las instalaciones tienen estándares de calidad bastante mediocres (salvo que te vayas a un carísimo hotel boutique de Alaçati), y los restaurantes tienen más de caza-turistas que de auténticos restaurantes portuarios. No pudimos evitar sentirnos como en una versión cutre de la maravillosa Chania, una de nuestras ciudades más añoradas…
A tan solo 8 Km se encuentra la isla griega de Quíos, visible desde cualquier punto de la zona.
Prácticamente cada día en Turquía te sorprendía alguna costumbre local. En esta zona al menos, era típico encontrarse a gente vendiendo mejillones hervidos con limón listos para ser devorados.
El cercano pueblo de Alaçati es más exclusivo, pero la playa es muy pequeña y no da mucho juego si no vas a hacer windsurf.
Resulta impresionante ver la pequeña bahía de Alaçati repleta de velitas, con el agua cambiando de color según la profundidad de la zona.
En esta ciudad se desarrolló un culto único en el mundo a Afrodita, la diosa griega del amor. Al igual que Artemisa, con un importante culto en Éfeso, esta deidad guarda relación con la antigua diosa anatolia de la fertilidad, Cibeles.
La ciudad se encontraba cerca de una cantera de mármol de excelente calidad, por lo que desarrolló una escuela de escultura que en el período romano se hizo famosa en todo el imperio. No en vano, se han encontrado reproducciones de la imagen local de Afrodita en zonas tan distantes como Portugal, y en el yacimiento se han desenterrado infinidad de estatuas y estudios escultóricos.
Sin embargo, cuando el imperio romano se convirtió al cristianismo, se hicieron esfuerzos por eliminar el carácter orgiástico y pagano del pasado de la ciudad. Se cambió el nombre por el de Stauropolis (Ciudad de la Cruz), el Templo de Artemisa se convirtió en una basílica y se estableció en la ciudad la sede de un arzobispado.
Situada a la entrada de la ciudad se encuentra el tetrápilo, la Puerta Principal. Bastante bien conservada, su característica imagen en una pequeña pradera y con las montañas al fondo se ha convertido en la seña de identidad del yacimiento.
La construcción más importante de la ciudad es el Templo de Afrodita, bastante alterado tras su reconversión en Basílica en el siglo VI. Resulta curiosa la vida de estas piedras: de ser escenario de orgías en honor a Afrodita a formar parte de una basílica. Qué cosas…
El Bouleuterion, un foro de discusión pública, se ha conservado extraordinariamente bien, ya que pasó casi un milenio sepultado por una capa de barro. Aún conserva los colores negros y blancos de los mármoles originales.

El estadio data de finales del siglo II d.C.. A pesar del tiempo transcurrido, aún resulta impresionante pasear por la arena. Con sus 270 metros de longitud, es uno de los más grandes y mejor conservados del mundo clásico.

Vista del teatro, con capacidad para 7000 personas en asientos individuales.
El momento de gloria de los atletas al saltar a la arena del estadio
Escenas reales de una desgarradora carrera.
Desde el párking hasta el yacimiento se va así de cómodo y elegante. No apto para posaderas delicadas…